Nombre de la escuela: Hermanos Aldama CETIS 77
Maestra:Olga Maritza Durán González
Materia: lógica
Nombre del alumno: Luz Lizbeth León Rocha
https://leonrochaluzlizbeth.blogspot.com
Tema: problemática del agua
Subtema: local
Grado y Grupo:“1.I”
Especialidad:Administración Recursos Humanos



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                          El agua en México

México dispone aproximadamente del 0.1% del total de agua dulce disponible a nivel
mundial, lo que determina que un porcentaje importante del territorio esté catalogado
como zona semidesértica.
El agua es necesaria para todas las formas de vida, es un elemento crucial para el
funcionamiento de los ecosistemas y la provisión de servicios ambientales de los que
dependemos para sobrevivir y es un factor estratégico para el desarrollo del país.
México recibe alrededor de 1,489 mil millones de metros cúbicos al año de agua en forma
de precipitación, de los cuales el 67% cae entre junio y septiembre, sobre todo en la región
sur-sureste (Chiapas, Oaxaca, Campeche, Quintana Roo, Yucatán, Veracruz y Tabasco),
donde se recibe 49.6% de la lluvia.
De este total 73% se evapotranspira y regresa a la atmósfera, 22% escurre por los ríos o
arroyos y 6% se infiltra al subsuelo de forma natural y recarga los acuíferos.
Tomando en cuenta las exportaciones e importaciones de agua con los países vecinos,
México tiene 471.5 mil millones de metros cúbicos de agua dulce renovable por año y está
considerado como un país con baja disponibilidad de agua.
Un aspecto importante a considerar en la disponibilidad de agua es el incremento de la
población y su concentración en zonas urbanas. Según estimaciones de Consejo Nacional
de Población (CONAPO), entre 2012 y 2030 la población del país se incrementará en 20.4
millones de personas. Además para 2030, aproximadamente 75 por ciento de la población
estará en localidades urbanas. El incremento de la población ocasionará la disminución
del agua renovable per cápita a nivel nacional.
En 2012, con una población de 117 millones de habitantes, la disponibilidad natural media
por habitante se calculaba en 4,028 metros cúbicos por año. Se estima que para 2030, con
el aumento de la población y el deterioro de los cuerpos de agua descenderá hasta 3,430
metros cúbicos por habitante por
año



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Otro aspecto significativo es el incremento del consumo de agua per cápita: en 1955, cada
mexicano consumía alrededor de 40 litros al día; se calcula que en 2012 el consumo
aumentó a 280 litros por persona al día. Para enfrentar la disminución de la disponibilidad
del agua por habitante en los próximos años será necesario:
Reducir la demanda mediante el incremento en la eficiencia de los sistemas de
distribución de agua en las ciudades y de los sistemas de riego; e incrementar la oferta
aumentando el volumen de agua pluvial recolectada y el reúso de agua residual tratada.
                               
                               ¿Cómo se usa?

En México los usos del agua se han clasificado en dos grandes grupos: el uso consuntivo,
que en términos sencillos se refiere al consumo de agua por parte de los diferentes
sectores, y el uso no consuntivo, que involucra el uso de la energía motriz del agua para
producir electricidad (hidroeléctricas).
Año con año, la autoridad responsable de la administración del agua en México, la
Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) emite un informe en el que analiza el volumen
de agua autorizado por tipos de uso. Aún cuando estos son los datos oficiales, el
volumen autorizado en una concesión no representa el volumen real de uso, pero sí
permite hacer inferencias y comparaciones entre sectores y usos en el país.
En el último informe de Estadísticas del Agua en México 2016, el volumen total
concesionado para usos consuntivos, a 85,664.6 hm3.
el uso agrícola ocupa el primer lugar con el 68.23% de este volumen, le siguen en
importancia el uso público con el 14.52%, el uso industrial con el 7.41%, el uso múltiple
con 6.50% y los demás usos que no alcanzan el 2%.
Adicionalmente, en el mismo año se concesionó un volumen de 180,895 hm3 para la
hidroeléctrica (uso no consuntivo).




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                     ¿Quiénes consumen más?

Las actividades agropecuarias consumen la mayor cantidad de agua dulce, tanto en
México como en el mundo. En México, la agricultura y la ganadería consumen el 76.3%.
En el mundo, estas actividades consumen en promedio 70%.
Los siguientes grandes consumidores son la industria y la generación de energía. En
México consumen 13% del agua dulce; el promedio mundial es de 22%.
El uso doméstico al final: en México corresponde a 10% del agua dulce y en el mundo a
un promedio de 8%.
                   
                     ¿Quiénes desperdician más?

En México, el sector que más agua desperdicia es el que más la consume: el
sector agropecuario (agricultura y ganadería). Las estimaciones de la Comisión
Nacional del Agua mencionan que 57% del agua que consume se pierde por
evaporación pero, sobre todo, por infraestructura de riego ineficiente, en mal
estado u obsoleta. La superficie irrigada es de 6.3 millones de hectáreas y aporta
el 42% de la producción agrícola nacional. Las pérdidas por infiltración y
evaporación ascienden a más de 60% del agua almacenada y distribuida para
fines agrícolas.
La ciudad mexicana que más agua desperdicia es la más grande del país; la Ciudad de
México y su área metropolitana. Como abarca varias poblaciones, lo correcto sería
definirla como una cuenca: la cuenca del valle de México. Aquí el desperdicio lo causan
las fugas de la red hidráulica y, según las autoridades de la Comisión Nacional del Agua,
alcanza un 38%.




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                      ¿Quiénes contaminan más?

La contaminación de los cuerpos de agua es producto de las descargas de aguas residuales
sin tratamiento, ya sea de tipo doméstico, industrial, agrícola, pecuario o minero. A finales
del año 2010, más de 70% de los cuerpos de agua del país presentaba algún indicio de
contaminación (Estadísticas del agua en México, edición 2011). Las cuencas que destacan
por sus altos índices de contaminación son la del Lerma-Santiago-Pacífico, la del Balsas y,
sobre todas, la del Valle de México.
Si bien la industria autoabastecida sólo consume 4% del agua total (3.5 km³ anuales), la
contaminación que genera en demanda bioquímica de oxígeno es tres veces mayor que
la que producen 100 millones de habitantes. En 2009, los giros industriales con mayores
descargas contaminantes sumaban un volumen total de 176 m³/s. La actividad con mayor
volumen de descarga es la acuacultura, con 68 m³/s (39%), seguida por la industria
azucarera 46 m³/s, la petrolera 12 m³/s, los servicios 11 m³/s y la química 7 m³/s (CNA,
2009). La industria azucarera es la que produce la mayor cantidad de materia orgánica
contaminante y la petrolera y química las que producen los contaminantes de mayor
impacto ambiental.
El sector industrial compite por el uso del agua con otros sectores productivos,
particularmente con el agrícola.
La sobreexplotación de los acuíferos ha ocasionado también el deterioro de la calidad del
agua, sobre todo por intrusión salina y migración de agua fósil (la que de manera natural,
después de siglos, contiene sales y minerales nocivos para la salud humana) inducidas por
los efectos del bombeo y por contaminación difusa producida en las ciudades y zonas
agrícolas. Por otra parte, el monitoreo de la calidad de los acuíferos es escaso y poco
confiable.
Debido a las características propias del ciclo hidrológico, un río puede quedar limpio en
un tiempo relativamente corto si la fuente de contaminación se suspende y si no queda
atrapada una cantidad importante de contaminantes en el sedimento; sin embargo,
cuando se contamina un acuífero, el problema puede durar decenas de años.





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Aunque los incendios forestales pueden ocurrir como resultado de la actividad
humana, el fuego se considera como un factor natural puesto que este tipo de
desastres suele producirse por la combinación de sequía y luz.
La destrucción de bosques puede producir efectos adversos sobre la calidad del
agua, ya que, al eliminarse su función de filtro natural, aumenta la velocidad de
drenaje superficial, incrementándose la probabilidad de erosión. Por otra parte,
las cenizas pueden lixiviar nitratos, mientras que la madera carbonizada
contribuye a incrementar el contenido de fenol que al combinarse con el cloro
produce problemas de olor y sabor.
Sin embargo, los incendios forestales tienen también un efecto positivo, ya que
son un medio natural de rejuvenecimiento de los bosques.
       
                 Contaminación hídrica

La contaminación hídrica o la contaminación del agua es una modificación
de esta, generalmente provocada por el ser humano, que la vuelve impropia
o peligrosa para el consumo humano, la industria, la agricultura, la pesca y
las actividades recreativas, así como para los animales.
Aunque la contaminación de las aguas puede provenir de fuentes naturales,
como la ceniza de un volcán,2 la mayor parte de la contaminación actual
proviene de actividades humanas.
El desarrollo y la industrialización suponen un mayor uso de agua, una gran
generación de residuos, muchos de los cuales van a parar al agua y el uso de
medios de transporte fluvial y marítimo que en muchas ocasiones, son causa
de contaminación de las aguas por su petróleo o combustible. Las aguas
superficiales son en general más vulnerables a la contaminación de origen
antrópico que las aguas subterráneas, por su exposición directa a la actividad
humana.




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Por otra parte, una fuente superficial puede restaurarse más rápidamente que
una fuente subterránea a través de ciclos de escorrentía estacionales. Los
efectos sobre la calidad serán distintos para lagos y embalses que para ríos, y
diferentes para acuíferos de roca o arena y grava de arena.
La presencia de contaminación genera lo que se denominan “ecosistemas
forzados”, es decir ecosistemas alterados por agentes externos, desviados de
la situación de equilibrio previa obligados a modificar su funcionamiento para
minimizar la tensión a la que se ven sometidos.
Algunas fuentes de contaminación del agua son naturales. Por ejemplo; el
mercurio que se encuentra naturalmente en la corteza de la Tierra y en los
océanos genera contaminación de forma natural de estos. Algo similar pasa
con los hidrocarburos y con muchos otros productos.
Normalmente las fuentes de contaminación natural son muy dispersas y no
provocan concentraciones altas de polución, excepto en algunos lugares muy
concretos. La contaminación de origen humano, en cambio, se concentra en
zonas concretas y, para la mayor parte de los contaminantes, es mucho más
peligrosa que la natural.
Los factores naturales no pueden controlarse fácilmente y pueden tener un
impacto significativo sobre la calidad de una fuente de agua. Los factores que
se deben considerar son los siguientes:
el clima, las características de la cuenca, la geología, el crecimiento
microbiológico y de los nutrientes, los incendios, la intrusión salina y la
estratificación térmica.

         Efectos de la contaminación del agua.

El agua que nos proporciona, en sus distintas formas, la naturaleza, no reúne
los requisitos para ser consumida de forma directa por el ser humano, debido a
la contaminación que contiene. Para lograr la calidad satisfactoria en el agua, y
que ésta sea potable, se realizan destilaciones u otros procesos de purificación.
El agua puede contaminarse de diferentes formas, aunque la más común en la
actualidad es mediante descarga de agua servida o cloacas de áreas urbanas en
ríos y arroyos.




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Otros focos de contaminación de las aguas son los desechos orgánicos
provenientes de mataderos de ganado o de aves. El procesamiento de frutas y
vegetales requiere grandes cantidades de agua para el lavado, el pelado y
blanqueado, lo que produce gran cantidad de agua servida con alto contenido
orgánico.
Estas concentraciones de materia orgánica originan un alto porcentaje de
fosfatos en el agua de los ríos o arroyos en que se descargan. Estos fosfatos
ocasionan un rápido crecimiento en la población de algas. Las algas utilizan el
oxígeno en gran cantidad, lo que hace que disminuya en el agua la concentración
necesaria de éste para permitir la respiración de los animales acuáticos,
causando su muerte.

                 Algunos datos sobre el agua

➢ El agua renovable por habitante en México es de 3,692 m3.
➢ El agua renovable para el 2030 por habitante en México se estima que
será de 3,250 m3.
➢ Anualmente México recibe aproximadamente 1’449,471 millones de m3
de agua en forma de precipitación. De esta, se estima que el 72.5% se
evapotranspira y regresa a la atmósfera, el 21.2% escurre por ríos o
arroyos, y el 6.3% restante se infiltra al subsuelo de forma natural y
recarga los acuíferos.
➢ Se estima que al año 2030 en algunas de las regiones hidrológico-
administrativas (RHA), el agua renovable per cápita alcanzará niveles
cercanos o incluso inferiores a los 1,000 m3/hab/año, lo que se califica
como una condición de escasez.
➢ En México existen 653 acuíferos.
➢ Al 31 de diciembre de 2015 se reportan 105 acuíferos sobreexplotados y
32 con presencia de suelos salinos y agua salobre y 18 con intrusión
salina.



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➢ Los ríos y arroyos del país constituyen una red hidrográfica de 633 mil
kilómetros de longitud. Entre estos destacan 51 ríos principales por los
que fluye el 87% del escurrimiento superficial total del país y cuyas
cuencas ocupan el 65% de la superficie territorial continental del país.
➢ En México se extraen del ambiente 228,721 hm3 de agua, de este
volumen el 83.5% corresponde a aprovechamientos superficiales, 14.6%
a aprovechamientos subterráneos y 1.9% es de origen pluvial.
➢ Tomando en cuenta los flujos de salida (exportaciones) y de entrada
(importaciones) de agua con los países vecinos, México cuenta
anualmente con 446,777 millones de m3 de agua dulce renovable.
➢ México comparte ocho cuencas con los países vecinos: tres con los
Estados Unidos de América (Bravo, Colorado y Tijuana), cuatro con
Guatemala (Grijalva-Usumacinta, Suchiate, Coatán y Candelaria) y una
con Belice y Guatemala (Río Hondo).
➢ Superficie del territorio de México compuesta por humedales (deltas,
ríos, arroyos, lagos, lagunas, pantanos, turberas, oasis, cenotes,
marismas, esteros, manantiales, manglares, tulares, rías y charcas)
equivale a 10 millones de hectáreas.
➢ Del 2010 al 2015, 91,600 hectáreas de bosques cambiaron anualmente
a otro uso de suelo en México.
                                          
                           El agua en León

Para el año 2030, cuatro de cada 10 personas no podrán tener acceso al agua,
este panorama fue presentado durante el Cuarto Foro de Sustentabilidad y
Responsabilidad Social.
Este futuro cercano traerá una población estimada para Guanajuato de seis
millones y medio de habitantes, con lo que se aumentará 37% la emisión de
gases.



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Esto significa que aumentarán las muertes prematuras por exposición al ozono
urbano, éste fue el panorama expuesto por Sergio Ponce López dentro del Cuarto
Foro de Sustentabilidad y Responsabilidad Social.
Otra de las consecuencias mencionadas que se pronostican es el estrés de agua,
los baños diarios no serán posibles y beber dos litros al día tampoco será una
realidad.
Este evento fue organizado por el Centro de Producción más Limpia del Bajío
capítulo León (CPLB) del cual Sergio es el director ejecutivo.
A través de talleres, los empresarios asistentes tuvieron un acercamiento con
temas de responsabilidad ambiental.
En Guanajuato, el 35% de las empresas ya están tomando acciones en estos
temas, de este porcentaje los sectores que se han involucrado son el automotriz,
tecnologías, recientemente los curtidores y el turismo.
De las empresas internacionales que se han instalado en el estado, comentó
Ponce López, traen un camino avanzado y solo el 3% de las empresas son
grandes.
“Necesitamos que el 97% de las empresas que son locales empiecen a trabajar
estos temas”.
Para las empresas interesadas en integrarse a estos temas deben iniciar con un
diagnóstico en el uso de la energía y agua buscando reducir hasta un 8% el
consumo de estos productos.

                   Tratamiento de aguas negras

Cada año se vierten a los cuerpos de agua millones de metros cúbicos de aguas
residuales, descargas municipales, industriales y agrícolas tratadas de forma
inadecuada o sin tratamiento alguno. La contaminación del agua tiene un severo
impacto en los ecosistemas y en la salud. Es preciso reducir los volúmenes y
mejorar los procesos de tratamiento, no sólo para procurar el bienestar social y
la protección ambiental, sino también por razones económicas y de seguridad
nacional.



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En México, las descargas de aguas residuales se clasifican en municipales
(abastecimiento público urbano y rural) y no municipales (otros usos como
industria autoabastecida). Según cifras oficiales, se trata el 52.7% de las aguas
municipales que se generan, y el 32% de las aguas no municipales.
Aunque hay avances es aún insuficiente y existe un volumen indeterminado de
aguas contaminadas que no son colectadas, que se pierden en las redes de
desagüe o que se descargan de forma ilegal directamente al medio. Se calcula
que en 2015 el costo económico de la contaminación causada por aguas
residuales no tratadas fue de 57 403 millones de pesos, equivalentes al 0.3% del
producto interno bruto.
La reducción de la contaminación del agua requiere una fuerte inversión en
infraestructura para el tratamiento de las aguas residuales y representaría un
ahorro en cuanto a la atención médica que debe darse al tratamiento de
enfermedades diarreicas provocadas por agua y productos agrícolas
contaminados. En 2015 murieron en México 3 754 personas debido a
enfermedades infecciosas intestinales.



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Invertir en la infraestructura necesaria para incrementar la capacidad de
tratamiento de aguas residuales representa una ganancia a largo plazo al
disminuir los costos de contaminación, sobre explotación y transportación del
agua. Estos costos irán aumentando progresivamente con el crecimiento de la
población –particularmente en áreas urbanas–, al intensificarse la presión sobre
los recursos hídricos.
Por ejemplo, la Zona Metropolitana del Valle de México presenta un alto grado
de presión y en 2015 requirió una inversión de infraestructura para agua potable,
alcantarillado y saneamiento de 9 173 millones de pesos, monto que representó
el 26% de la inversión hídrica total del país. El uso de aguas residuales tratadas
podría contribuir a cerrar la brecha entre la oferta y la demanda de agua.
Según las proyecciones, en 2030 habrá 9.2 mil millones de metros cúbicos de
aguas residuales que, de ser tratadas y reusadas, reducirían en un 40% la
demanda.



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Hay dos tipos de sistemas de tratamiento de aguas residuales sustentadas en
procesos biológicos: aerobios y anaerobios. Los primeros proporcionan un medio
de alto contenido de oxígeno para que las bacterias puedan degradar la materia
orgánica de los desechos, son altamente demandantes de energía, generan
muchos lodos y pocos gases resultantes.
Los segundos utilizan bacterias que al descomponer la materia orgánica en
ausencia de oxígeno, producen menos lodos y liberan más gases (metano y
dióxido de carbono, amoniaco y ácido sulfúrico) que, en el marco de una
aprovechamiento integral, pueden usarse como combustible.
Mediante el tratamiento de aguas residuales se genera un ahorro considerable
al liberar el agua de primer uso para actividades como limpieza y riego, se
disminuye la presión hídrica y la sobreexplotación de los acuíferos y se previene
la contaminación de los cuerpos de agua y las enfermedades diarreicas, lo cual
tiene un efecto positivo en el ambiente y en el bienestar de las comunidades.

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